UN VIAJE CONTRA RELOJ A CAMBIO DE UN CORAZON DE ALAMBRE
Diez de la noche del lunes previo al feriado. Estoy en la terminal de ómnibus de Retiro; por suerte mi amigo Fernando llamó y me trajo hasta la terminal.
La verdad que por un momento pensé si escribir o no este viaje, pero cuando me dijo que le gustó, y pese a su graciosa critica de “no tenia errores de ortografía”, decidí seguir adelante con el relato de este SEGUNDO viaje para ir a verlo.-
Había sido un día de trabajo agotador, al que se sumaba que para poder ir a verlo, debía hacerlo por micro, ya que era la única forma de poder correr contra el tiempo una vez más aprovechando el martes que era feriado.
Asiento 1, según el que me vendió el pasaje era el mejor….
Despacho el bolso que tenía todo lo que había elegido el día anterior para llevarle con provisiones. Hay dos personas en la puerta del micro, uno cortando el pasaje y otro con una bolsa de nylon transparente, donde le piden cada pasajero que deje su documento. Meto mi cedula y el tipo que corta el pasaje me da una bandeja, y subo al micro.
Asiento 1… genial. Es un asiento de una sola persona… me aconsejó bien el tipo de la ventanilla. Me acomodo y miro la bandeja…. Una bandeja de telgopor con un alfajorcito, una pasta frola y un alfajor de maicena; qué bueno que llegue a cenar algo de camino, pensé.-
A mi lado, y del otro costado del pasillo se sientan dos viejas que obviamente aun sin conocerse, empiezan a charlar como si fueran intimas de toda la vida. Me causa gracia y pienso…. Espero que estas viejas no se me peguen como siempre se me pegan las viejas en los viajes.
Sube el resto de la gente, y a lo último el tipo que tenía todos los documentos en la bolsa de nylon. Que decadente en pleno siglo XXI el sistema de control pasaba por una bolsa de nylon pedorra que ni siquiera era una ziplog….
Me calzo mi mp3; había comprado unos días antes un mp3 porque sabía que el viaje seria laaaaaaargo…. y de paso me servía para aislarme disimuladamente de las viejas por las dudas.
Sale el micro y obviamente nadie estaba despidiéndome… a veces me da como cosa, pero en realidad sabía que era un viaje relámpago el que estaba haciendo que apenas mi hija menor, mis padres y un par de personas sabían de mi odisea.
Se prende el televisor del micro pero sin sonido. Obviamente vería la película pero sin saber quien hablaba. Entonces mire alrededor y veo que hay un enchufe para auriculares, miro mi mp3 y digo.. “ma´si, total, estoy al pedo y tengo varias horas de viaje como para no intentar”…
Anda!!!…. Bueno aprovecho y empiezo a mirar la pelicular por los siguientes quince minutos hasta que advierto que de acuerdo a los personajes, había visto hacia una semana el final de esa película por cable. Que embole!!! Vuelvo a mi mp3 un rato mas y pienso… definitivamente estoy aburguesado, hace mil que no viajaba en micro. La verdad que es un embole viajar en micro y solo peor!!!
La última vez que viajé en micro en un viaje largo, encima, lo hice con él. Que ironía… habíamos salido una noche desde la casa de mi amigo Fabián en el D.F. hasta la terminal de micros para tomar a las doce y media de la noche un micro que nos dejaría a eso de las cinco de la mañana en Acapulco.
Ese viaje en micro además tuvo algunos condimentos que ni imaginé ocurrirían…
Bueno… por otra parte, este viaje no era precisamente de vacaciones, y estaba una vez más desafiando los obstáculos que se me iban presentando.
Mejor me duermo, y únicamente medio me despierto por Colón cuando oigo que pararon en el control de aduana. Ja… control de aduana… nadie vino, parece que habrán contado los documentos y listo, porque el micro siguió camino en medio de la oscura noche.-
Hummm tengo que ir al baño…. Abro la puerta y está inundado… claro.. en un avión esto no pasa pienso, pero debo vencer el inconveniente y parado encima del tacho de basura libero mis líquidos excedentes y vuelvo al asiento durmiéndome al instante.
Oigo las voces de las viejas de al lado y me despierto, ya era de mañana y había luz; parece que estamos en Montevideo, que suerte. El micro para un par de veces para dejar gente, y de repente veo que hay un cartel que dice TRES CRUCES, que bueno ya llegamos, así que me calzo las zapatillas y me preparo para bajar. Guardo la bandeja que ni toqué, pero que decidí dejar para una emergencia.-
Bajo del micro, busco mi bolso, y cargado como si fuera una de las tortugas ninja busco la ventanilla de COT, la empresa que me llevaría a Punta del Este. Hum…. Esa era. Pregunto cuál es el primer micro a mi destino, y la chica que atiende me dice que sale en cuarenta minutos, compro pasaje ida y vuelta aprovechando que la vuelta era abierta, pido un papel con los horarios y ya de paso me aseguro a qué hora debo volver hoy por la noche como horario tope. Las 19:15 horas….
Saco mi tarjeta de debito, pago, guardo mis boletos y rumbeo para el Mac Donalds….
Tenía poco tiempo para desayunar y no estaba para incursionar en lugares nuevos. Sabía que ahí aceptarían mi tarjeta de debito, no tenía plata local, no vi casa de cambio y además y todos los Mac Donalds tienen el mismo gusto. Por suerte o por desgracia…
Pido un desayuno, lo trago y me voy a la plataforma del ómnibus que me llevaría cerca de mi destino final.
Subo y me siento adelante, en el mismo asiento que me había sentado en el ómnibus que me trajo hasta Uruguay. Parte de los lugares me resultaban conocidos ya que por trabajo había tenido que trabajar en Montevideo por dos meses hace unos años atrás.
Cuando estoy llegando al aeropuerto llamo al abogado. No atiende, que lo pario; dejo un mensaje y a los pocos minutos me llama.
Le digo que estoy yendo a verlo, y que si no lo tomaba a mal, pensaba visitar el fiscal. Me dice que no tiene problemas y que él no puede estar en Punta en el día, pero que lo llame por la tarde para saber las novedades que yo le daría.
Trato de dormir un rato como para poder achicar distancias, cosa que no puedo hacer porque obviamente la procesión va por dentro.
Decido llamarlo para ver que necesita. Es mejor llame ahora y compre lo que pueda faltar en mi bolso. Me atiende y me dice que quiere galletitas dulces, saladas, queso de rallar, queso fresco y nada más.
Corto, y cuando miro al frente y a mi derecha veo el mar, ya estábamos llegando. Qué bueno! Ya son las once de la mañana y vengo con el tiempo cronometrado.
El micro nos deja en la terminal. Bajo y encaro a la oficina de informes, ahí me dirán las viejas donde queda la empresa de autos para retirar el auto que Noel me había reservado.
Si hay algo que evidentemente la crisis de los cuarenta trajo consigo es que aprendí a aceptar ayuda, y la verdad que la colaboración logística de Noel, me venia al pelo.-
Genial… quedaba a dos cuadras. Camino con mi bolso a cuestas y la mochila hasta llegar frente al casino donde estaba la agencia de autos.
Cuando llego, el tipo no estaba. Por suerte la gente es piola y la mina que estaba en el sector llama a mi contacto quien llega rápido, me hace llenar un formulario, hace un voucher de mi tarjeta de crédito y me lleva hasta el auto.-
Auto chico, rojo, y nuevo… guardo las cosas en el baúl mientras me va marcando los rayones en el formulario para después no cobrármelos…
Saco el GPS de la mochila y pienso… parecerá snob, pero la verdad que traer a la gallega (así le puse de nombre a mi GPS porque tiene la voz de una gallega y cuando quiere que dobles es más insistente que Pablo, cosa que no es poco que decir)
Subo al auto y la gallega me lleva directo a mi primer destino, la fiscalía…
Estaciono el auto, me dirijo a donde me tomaron en mi viaje anterior la audiencia y me entero que el fiscal no está físicamente ahí, sino a unas cuadras. No importa, no es un obstáculo.
Cuando voy caminando, me llama la madre de él, me dice que le pidió unos pinceles…
Ja… estaba bien. Si alguien que está en un penal te pide pinceles, por más mal que esté, tiene que estar bien internamente para poder pensar en el arte. Y yo, como siempre, dándole bola y buscando que pincel sería el que quiere….
Le digo a la madre que no se preocupe, que yo le llevo los pinceles. Mientras estoy hablando por teléfono veo que estoy pasando por una librería, así que paro y los compro. Que joda, no aceptan tarjeta de nada, por suerte me habían quedado unos pesos uruguayos del viaje anterior. Me alcanzó justo.-
Aprovecho para preguntar donde hay un supermercado y queda en diagonal a la plaza principal, así que salgo y rumbeo al supermercado, compro las cosas que me faltan y vuelvo al auto para guardarlas en el baúl.
Subo al auto y me dirijo a ver al fiscal. Llego a una casa adaptada de oficina y me dicen que no está, que vuelva mañana, a lo que obviamente respondo que venía de Argentina especialmente a verlo al fiscal y me iba esa misma tarde.
Me dicen que le avisarán y me dan el teléfono de ahí; que regrese a eso de las cinco de la tarde. Les digo que como no puedo estar en dos lados al mismo tiempo y necesitaba ir al penal, volvería a las cinco de la tarde a verlo. Salgo y subo al auto.
Ahora??? Como le digo a la gallega que quiero ir al penal? Convengamos que no es un punto turístico como para que este archivado en el mapa… ya se! Queda camino a San Carlos, eso es lo que todos te dicen, así que alguna calle con nombre Sarandí debía haber, así que pongo una dirección inventada y para ese rumbo me llevaría.
Por qué Sarandí? Y.. porque fue una batalla importante para los uruguayos y el haber estudiado historia en el secundario no había sido tan al pedo entonces… Bah… veremos cómo me va.
La gallega traza la ruta y me digo en silencio… espero que la calle que marque sea del centro así no me desvía del camino.
Voy manejando y aprovecho para usar mi memoria, ya sabía que la ruta que me lleva a mi destino quedaba antes de San Carlos, y la encontré! Ahí estaba el bendito camino de tierra. Obviamente que suspendí el destino sino la gallega estaría todo momento diciendo “re calculando…”
Tomo el camino de tierra y hago un trecho hasta que veo una mujer y su hijo de unos cinco años caminando rumbo al penal. Freno el auto, era mi oportunidad de devolverle al destino el favor que me había hecho en mi viaje anterior el tipo de la moto.
La señora acepta la invitación y sube junto a su hijo; hablamos del calor, del horario del penal y al instante habíamos llegado.
Es la una y cuarenta y la visita es a las dos… Llego y habría unas seis personas delante de mí. Escondo la gallega, el celular, cierro el auto y bajo el bolso.
Hago la cola, ya sabiendo el procedimiento y pronto me llaman para la consabida revisación.
Me atiende un cana joven que en un momento me dice - cuanta mercadería, debe haber plata acá. A lo que le respondo: - Tengo que amortizar el viaje que hago desde Buenos Aires.
Paso el control y de nuevo en el sector donde te hacen esperar bajo el sol…
A mi derecha, a unos cien metros había un tráiler que no estaba, o al menos no lo había visto en mi visita anterior. En la puerta del tráiler alguien saluda, será a mi? La verdad que de lejos sin anteojos no veo cuatro en un burro… fijo la vista y era él….
No lo veía nítido, pero si podía sentir que estaba bien, y eso ya era bastante.
Es mi turno, paso y de nuevo a la ventana donde se dejan los documentos y las llaves del auto.
Cuando me doy vuelta, en la galería, sentado en un banco largo, estaba él, con una remera, shorts y zapatillas.
Nos damos un abrazo, nos sentamos uno al lado del otro y empezamos a charlar….
Que hablamos? Miles de cosas, de cómo estaba su familia, de quienes se estaban preocupando por él y que se yo cuantas cosas más.
Me presenta a Nico, un tipo de unos veintitantos años que era con quien se había hecho amigo y quien tenía el celular que me permitía estar en contacto con él.-
Le digo que en dos días era el cumpleaños de su madre, si quería que le comprara algo, y me dice que hay alguien que hace barcos, que quiere que le lleve uno.
Le cuento mi plan de hablar con el fiscal, de todas las novedades hasta el momento y en un momento, casi sin levantarse saca de su bolsillo trasero derecho algo que no logro ver bien, me lo da como a escondidas y me dice, guárdalo al mismo tiempo que me mira y sonríe…
Disimuladamente lo miro y era un corazón hecho en alambre… me quiero morir… controlo mis movimientos y mis reacciones porque un montón de pensamientos me pasan por la cabeza…
Lo primero que me acuerdo es ese 14 de febrero que por querer sorprenderme había llenado de corazones de papel barrilete el parabrisas de mi auto, ese auto verde que en su obra de teatro le dedicó una línea.
Justo ese día, le había dicho al Gerente de Recursos Humanos de mi trabajo si lo alcanzaba hasta la casa… que situación!!! Sacando los corazones pegados y los que estaban atados en el paragolpes trasero. Por suerte el tipo es discreto y no hizo comentario alguno.
Un corazón…. Miles de significados viniendo de él… un “gracias”, un… “te sigo queriendo”, y quien sabe cuántos significados más podría tener ese simple y a la vez tan complejo trozo de alambre….
Respiro profundo, miro a lo lejos para evitar brillen mis ojos y disimuladamente lo guardo en el bolsillo derecho de mi pantalón.-
Entonces como tratando de acusar recibo a su acción, le muestro que tenia puesto los anteojos que él me había regalado, como tratando de responderle de alguna forma, a lo que él asiente que ya lo había advertido.
Seguimos la charla, me da una carta para su madre hecha en un sobre también con hijas de cuaderno, la cual guardo en el bolsillo y me pide plata para pagar el barco a un tipo que venía caminando y cargando con varios veleros.
Saco las bolsas de nylon que estaban dentro de mi bolso, las que cuidadosamente había armado con las provisiones que estimaba necesitaba. Le digo que con la corrida, no me avive de tráele una Coca fría y me dice que la verdad que estuve flojo…
Estuve flojo????.....Si no fuera él, lo tomaba como una declaración de guerra, pero dada las circunstancias, me limité a reprocharme no haberlo hecho.-
Le digo que en el rompe vientos había dejado algo para él y me dice que no debería haber puesto un JACK…
Que buchona… la hermana le dijo lo que pensé en ponerle y le conté como para que sepa que siquiera le hacía llegar un chocolate.-
Por suerte, a último momento lo cambie por un bon o bon, lo cual no lo hizo tan previsible.-
En un momento una mina en voz alta dice que queda libre, que va a poder ver a su hijo, la gente se alegra y la saluda, lo miro y se le ve un brillo en los ojos particular… seguramente es la sensación que deben tener todos con la ansiada libertad. Por mi parte, pensaba lo que es ver a un hijo luego de un tiempo y tuve que contener la emoción.-
Me cuenta que estaba con el proyecto de la escuela de capacitación, y que los pinceles eran para pintar los dibujos que había en las paredes del tráiler. También que le habían preguntado quien era yo luego de mi visita anterior, porque le dijeron que nos parecemos mucho y pensaban que yo era su hermano.
Pienso… No es la primera vez que me dicen que nos parecemos, de hecho ya hice trámites en la AFIP con su documento en su nombre y nadie se dio cuenta.
Nos parecemos???? A veces nos veo tan distintos… a veces parecidos, pero en escencia distintos…
Le comento que iría a ver al fiscal a mi salida porque no había logrado verlo al mediodía. Me dice que me vaya así lo veo, y le digo que yo manejo mis tiempos…
Le ofrezco más plata para poder quedarme tranquilo que no le faltara nada, y ya se acerca la hora de irme.-
Anuncian que se terminó la hora de la visita, ya son las cinco de la tarde; y ya más canchero le doy un abrazo y camino sin darme vuelta hacia donde estaba mi documento y las llaves de auto.
Cruzo el portón, abro el auto y saco las cosas…. Miro obviamente una vez más el corazón de alambre, lo agarro con cariño y miro hacia el penal pensando que nuevamente me iba sin él…
La gallega se pone a hacer su trabajo y me lleva hasta la fiscalía…
Entro, pido hablar con el fiscal y el no estaba, me dicen que en veinte minutos estaba, así que aprovecho para irme a almorzar a donde??? Si… a Mac Donalds….
Almuerzo record, en 14 minutos, lo que obviamente hizo que volviera con la coca en la mano y lograr terminarla una cuadra antes de la fiscalía.
Llego por tercera vez, y ahí me dicen que me atenderá el fiscal. Me hacen pasar y me presento…
EL fiscal, un tipo de unos cuarenta y pico, me dice – yo no atiendo a la familia, sólo hablo con los abogados.
- Soy abogado. Le digo
- Sólo hablo con abogados uruguayos…
- Bueno… si, Ud. pone un poco de voluntad, y yo de intelecto, podremos hablar sin problemas Dr. Le retruco.
Así comenzó la charla… obviamente vio que no era fácil el porteño que tenía delante y fui manejando la charla hasta que le hago saber que previo a todo le había pedido permiso a los abogados, que Pablo estaba trabajando con el proyecto de capacitación, que ya estaba resarcida la indemnización civil y que la familia estaba preocupada y que lo que más me preocupaba era esa semana en colorado en el almanaque que ellos llamaban semana de turismo…
Me responde que si el lunes los abogados presentaban el pedido, en la semana, y ANTES de la semana de turismo, se expediría… obviamente aclaro que no me diría que resultado, a lo que le dije que como profesional que soy no esperaba eso, y que agradecía la atención, para poder ya ir cerrando la charla.-
Subo al auto y le indico a la gallega que debemos volver a donde salimos. A lo cual obediente acepta e indica el camino a seguir.
La verdad que ha sido una excelente compra y más que una excentricidad se transformó en un elemento importante y una compañera piola que conoce el camino y no rompe las bolas con boludeces….
Llego a devolver el auto, me devuelven el voucher de la tarjeta, saludo, agradezco y rumbeo hacia la terminal de micros nuevamente. Eran casi las siete de la tarde y a las siete y cuarto sale mi micro a Montevideo.
Desde la terminal llamo al abogado, quien me dice que estaba ocupado y que lo llame luego, y tras el llamado me llama el cónsul, a quien le cuento los detalles de mi viaje.
El Cónsul me dice que ese viernes iría a visitarlo y que se volvía a Buenos Aires el sábado, así que nos hablaríamos a su llegada para saber las novedades.
Viene mi micro, subo, y me siento cansado de todas las corridas tenidas para un solo día.
Conecto mi mp3 y mientras estoy escuchando una canción, busco el corazón de alambre que tengo guardado en mi bolsillo, y lo agarro con fuerza…
La conjunción de todo hace que obviamente me vuelvan a caer lágrimas con mil sensaciones, y la verdad que abre mil interrogantes en mí al no saber qué significado le asignó él a ese simple pero tan significativo regalo que me diera.
Pienso mil cosas, y también que hacer…. Pienso que ya hice mi planteo y que en ese momento me dijo que no estábamos en la misma, pienso entonces que sólo me restaría desaparecer silencioso sin darme vuelta y perder todo contacto con él, si total no tuvo o interés en enfrentarme o lo que sintió dejo de estar, pienso que… que debo pensar????
Mejor abro un paréntesis y lo cierro cuando él llegue a Buenos Aires, así sé realmente que es, y estando perfectamente en claro que amigos no podemos ser, tenga la suficiente madurez como para saber que quiere o bien acepte que solo seré un recuerdo, algo intangible que no podrá tocar, y que yo no podré ver, porque quizás si no pudo o no quiso encararme, es sólo eso lo que me toque ser en su vida, un efímero recuerdo de un amor de verano que no pudo ser…
Que se yo…. Es todo tan raro… mejor por todos, es que recién lo cierre a su llegada a Buenos Aires, y que por ahora cumpla con mi palabra, lo cual sería lo más adulto y esperable.
Ya un poco más calmo, la llamo a ella para contarle que lo vi, que él estaba bien, y los pormenores del fiscal, para que a su vez se lo cuente a la madre y se queden ambas tranquilas.
A los pocos minutos de esta tormenta cerebral y emocional me llama el abogado; le cuento las novedades y me dice que el viernes estará en Buenos Aires, que nos reuniéramos, lo cual accedo obviamente.
Bueno… parece que el día feriado ha sido bastante movido, así que espero haya llegado a su fin.
Estamos llegando a la terminal, esta vez venía liviano ya que había dejado todo en Las Rosas, incluso a él…
Si… nuevamente lo había dejado allá sin poder traerlo conmigo, y eso no era poca cosa.-
Bajo del micro, doy una vuelta y decido comprarme unas gaseosas y un sándwich en el supermercado del primer piso de la terminal, el cual como sentado en el patio de comidas en unos minutos. La verdad que no quería comer algo sustancioso, pero sabía que si no comía en el micro no iba a haber nada..
Paso por el baño de la terminal para poder ir cómodo y me dirijo a la plataforma en donde ya estaba el micro con destino a Buenos Aires.
Cuando subo, luego de haber dejado mi documento en la bendita bolsita de nylon, me doy cuenta que era el mismo micro con el que había llegado esa mañana y que aun no tenia solucionado el tema de la inundación.
Entrego mi documento y me acomodo para el regreso.
A mi lado se sientan dos viejas, esta vez si son parientas o amigas, y charlaban y se hacían chistes entre ellas.
La verdad que parar la oreja para escucharlas me distraía y me daba algo de gracia.
La que estaba sentada más cerca mío me pidió si podía alcanzarle un café, a lo cual accedí.
Arranca por fin el micro y sale en horario, las diez y media de la noche…
A los pocos minutos prenden el televisor y vuelven a poner la película de la noche anterior. Que garrón!!! La misma película… claro, si no es un avión que de ida te pasan una y de vuelta otra… definitivamente estoy aburguesado.-
Me paro, me acerco a la cabina del chofer y les pregunto si la pueden cambiar porque la había visto a la venida y me dicen que para ver otra, debía viajar al día siguiente. Eso se llama atención al cliente…. sí señor…
Como lo que tenia en la bandeja del viaje de ida y el sándwich de la bandeja que me dieron al subir hacia unos minutos, al menos para no comerme crudo al chofer frente a tan atenta respuesta.
Cierro los ojos y duermo casi hasta llegar a Buenos Aires, donde me despiertan las viejas charlando como cotorras y planificando que harían al pisar Buenos Aires. Ahí me entero cuanto durmió cada una, que harían y mil cosas más….
En mi caso, yo estaba listo para llegar a Retiro, ir directo a la oficina, lavarme la cara y empezar mi día de trabajo como si nada hubiera pasado.
Qué pasó con el corazón de alambre??? Lo tengo celosamente guardado en un cajón como recuerdo; así como tengo aun un corazón de papel entre mis documentos que me diera hace ya tiempo, o como conservo esas cartitas escritas en servilletas de Ezeiza y otros lugares que en su momento pasaran a ser mías…
Que paso con él? Buena pregunta….
Hoy está libre, aun del otro lado del charco al momento de escribir este relato.
Que pasara con él, conmigo o con nosotros? Mejor pregunta aun.
Eso es algo que aun no está escrito siquiera en el destino de nuestras vidas, o quizás sí, y él ya lo sabe desde ese 18 de agosto en el que nos conocimos y que en el restaurante árabe al que fuimos la señora que tiraba el tarot y leía la borra del café ya se lo anunció, quien sabe…
Quizás pueda derivar en otro relato, o terminar en este como una anécdota de alquilen que en algún momento fue especial y que ha acompañado a una persona en un mal momento de su vida, para luego volver a desaparecer y transformarse en un simple y quizás inolvidable recuerdo de lo que será uno de los peores momentos de su vida.
Fin?
La verdad que por un momento pensé si escribir o no este viaje, pero cuando me dijo que le gustó, y pese a su graciosa critica de “no tenia errores de ortografía”, decidí seguir adelante con el relato de este SEGUNDO viaje para ir a verlo.-
Había sido un día de trabajo agotador, al que se sumaba que para poder ir a verlo, debía hacerlo por micro, ya que era la única forma de poder correr contra el tiempo una vez más aprovechando el martes que era feriado.
Asiento 1, según el que me vendió el pasaje era el mejor….
Despacho el bolso que tenía todo lo que había elegido el día anterior para llevarle con provisiones. Hay dos personas en la puerta del micro, uno cortando el pasaje y otro con una bolsa de nylon transparente, donde le piden cada pasajero que deje su documento. Meto mi cedula y el tipo que corta el pasaje me da una bandeja, y subo al micro.
Asiento 1… genial. Es un asiento de una sola persona… me aconsejó bien el tipo de la ventanilla. Me acomodo y miro la bandeja…. Una bandeja de telgopor con un alfajorcito, una pasta frola y un alfajor de maicena; qué bueno que llegue a cenar algo de camino, pensé.-
A mi lado, y del otro costado del pasillo se sientan dos viejas que obviamente aun sin conocerse, empiezan a charlar como si fueran intimas de toda la vida. Me causa gracia y pienso…. Espero que estas viejas no se me peguen como siempre se me pegan las viejas en los viajes.
Sube el resto de la gente, y a lo último el tipo que tenía todos los documentos en la bolsa de nylon. Que decadente en pleno siglo XXI el sistema de control pasaba por una bolsa de nylon pedorra que ni siquiera era una ziplog….
Me calzo mi mp3; había comprado unos días antes un mp3 porque sabía que el viaje seria laaaaaaargo…. y de paso me servía para aislarme disimuladamente de las viejas por las dudas.
Sale el micro y obviamente nadie estaba despidiéndome… a veces me da como cosa, pero en realidad sabía que era un viaje relámpago el que estaba haciendo que apenas mi hija menor, mis padres y un par de personas sabían de mi odisea.
Se prende el televisor del micro pero sin sonido. Obviamente vería la película pero sin saber quien hablaba. Entonces mire alrededor y veo que hay un enchufe para auriculares, miro mi mp3 y digo.. “ma´si, total, estoy al pedo y tengo varias horas de viaje como para no intentar”…
Anda!!!…. Bueno aprovecho y empiezo a mirar la pelicular por los siguientes quince minutos hasta que advierto que de acuerdo a los personajes, había visto hacia una semana el final de esa película por cable. Que embole!!! Vuelvo a mi mp3 un rato mas y pienso… definitivamente estoy aburguesado, hace mil que no viajaba en micro. La verdad que es un embole viajar en micro y solo peor!!!
La última vez que viajé en micro en un viaje largo, encima, lo hice con él. Que ironía… habíamos salido una noche desde la casa de mi amigo Fabián en el D.F. hasta la terminal de micros para tomar a las doce y media de la noche un micro que nos dejaría a eso de las cinco de la mañana en Acapulco.
Ese viaje en micro además tuvo algunos condimentos que ni imaginé ocurrirían…
Bueno… por otra parte, este viaje no era precisamente de vacaciones, y estaba una vez más desafiando los obstáculos que se me iban presentando.
Mejor me duermo, y únicamente medio me despierto por Colón cuando oigo que pararon en el control de aduana. Ja… control de aduana… nadie vino, parece que habrán contado los documentos y listo, porque el micro siguió camino en medio de la oscura noche.-
Hummm tengo que ir al baño…. Abro la puerta y está inundado… claro.. en un avión esto no pasa pienso, pero debo vencer el inconveniente y parado encima del tacho de basura libero mis líquidos excedentes y vuelvo al asiento durmiéndome al instante.
Oigo las voces de las viejas de al lado y me despierto, ya era de mañana y había luz; parece que estamos en Montevideo, que suerte. El micro para un par de veces para dejar gente, y de repente veo que hay un cartel que dice TRES CRUCES, que bueno ya llegamos, así que me calzo las zapatillas y me preparo para bajar. Guardo la bandeja que ni toqué, pero que decidí dejar para una emergencia.-
Bajo del micro, busco mi bolso, y cargado como si fuera una de las tortugas ninja busco la ventanilla de COT, la empresa que me llevaría a Punta del Este. Hum…. Esa era. Pregunto cuál es el primer micro a mi destino, y la chica que atiende me dice que sale en cuarenta minutos, compro pasaje ida y vuelta aprovechando que la vuelta era abierta, pido un papel con los horarios y ya de paso me aseguro a qué hora debo volver hoy por la noche como horario tope. Las 19:15 horas….
Saco mi tarjeta de debito, pago, guardo mis boletos y rumbeo para el Mac Donalds….
Tenía poco tiempo para desayunar y no estaba para incursionar en lugares nuevos. Sabía que ahí aceptarían mi tarjeta de debito, no tenía plata local, no vi casa de cambio y además y todos los Mac Donalds tienen el mismo gusto. Por suerte o por desgracia…
Pido un desayuno, lo trago y me voy a la plataforma del ómnibus que me llevaría cerca de mi destino final.
Subo y me siento adelante, en el mismo asiento que me había sentado en el ómnibus que me trajo hasta Uruguay. Parte de los lugares me resultaban conocidos ya que por trabajo había tenido que trabajar en Montevideo por dos meses hace unos años atrás.
Cuando estoy llegando al aeropuerto llamo al abogado. No atiende, que lo pario; dejo un mensaje y a los pocos minutos me llama.
Le digo que estoy yendo a verlo, y que si no lo tomaba a mal, pensaba visitar el fiscal. Me dice que no tiene problemas y que él no puede estar en Punta en el día, pero que lo llame por la tarde para saber las novedades que yo le daría.
Trato de dormir un rato como para poder achicar distancias, cosa que no puedo hacer porque obviamente la procesión va por dentro.
Decido llamarlo para ver que necesita. Es mejor llame ahora y compre lo que pueda faltar en mi bolso. Me atiende y me dice que quiere galletitas dulces, saladas, queso de rallar, queso fresco y nada más.
Corto, y cuando miro al frente y a mi derecha veo el mar, ya estábamos llegando. Qué bueno! Ya son las once de la mañana y vengo con el tiempo cronometrado.
El micro nos deja en la terminal. Bajo y encaro a la oficina de informes, ahí me dirán las viejas donde queda la empresa de autos para retirar el auto que Noel me había reservado.
Si hay algo que evidentemente la crisis de los cuarenta trajo consigo es que aprendí a aceptar ayuda, y la verdad que la colaboración logística de Noel, me venia al pelo.-
Genial… quedaba a dos cuadras. Camino con mi bolso a cuestas y la mochila hasta llegar frente al casino donde estaba la agencia de autos.
Cuando llego, el tipo no estaba. Por suerte la gente es piola y la mina que estaba en el sector llama a mi contacto quien llega rápido, me hace llenar un formulario, hace un voucher de mi tarjeta de crédito y me lleva hasta el auto.-
Auto chico, rojo, y nuevo… guardo las cosas en el baúl mientras me va marcando los rayones en el formulario para después no cobrármelos…
Saco el GPS de la mochila y pienso… parecerá snob, pero la verdad que traer a la gallega (así le puse de nombre a mi GPS porque tiene la voz de una gallega y cuando quiere que dobles es más insistente que Pablo, cosa que no es poco que decir)
Subo al auto y la gallega me lleva directo a mi primer destino, la fiscalía…
Estaciono el auto, me dirijo a donde me tomaron en mi viaje anterior la audiencia y me entero que el fiscal no está físicamente ahí, sino a unas cuadras. No importa, no es un obstáculo.
Cuando voy caminando, me llama la madre de él, me dice que le pidió unos pinceles…
Ja… estaba bien. Si alguien que está en un penal te pide pinceles, por más mal que esté, tiene que estar bien internamente para poder pensar en el arte. Y yo, como siempre, dándole bola y buscando que pincel sería el que quiere….
Le digo a la madre que no se preocupe, que yo le llevo los pinceles. Mientras estoy hablando por teléfono veo que estoy pasando por una librería, así que paro y los compro. Que joda, no aceptan tarjeta de nada, por suerte me habían quedado unos pesos uruguayos del viaje anterior. Me alcanzó justo.-
Aprovecho para preguntar donde hay un supermercado y queda en diagonal a la plaza principal, así que salgo y rumbeo al supermercado, compro las cosas que me faltan y vuelvo al auto para guardarlas en el baúl.
Subo al auto y me dirijo a ver al fiscal. Llego a una casa adaptada de oficina y me dicen que no está, que vuelva mañana, a lo que obviamente respondo que venía de Argentina especialmente a verlo al fiscal y me iba esa misma tarde.
Me dicen que le avisarán y me dan el teléfono de ahí; que regrese a eso de las cinco de la tarde. Les digo que como no puedo estar en dos lados al mismo tiempo y necesitaba ir al penal, volvería a las cinco de la tarde a verlo. Salgo y subo al auto.
Ahora??? Como le digo a la gallega que quiero ir al penal? Convengamos que no es un punto turístico como para que este archivado en el mapa… ya se! Queda camino a San Carlos, eso es lo que todos te dicen, así que alguna calle con nombre Sarandí debía haber, así que pongo una dirección inventada y para ese rumbo me llevaría.
Por qué Sarandí? Y.. porque fue una batalla importante para los uruguayos y el haber estudiado historia en el secundario no había sido tan al pedo entonces… Bah… veremos cómo me va.
La gallega traza la ruta y me digo en silencio… espero que la calle que marque sea del centro así no me desvía del camino.
Voy manejando y aprovecho para usar mi memoria, ya sabía que la ruta que me lleva a mi destino quedaba antes de San Carlos, y la encontré! Ahí estaba el bendito camino de tierra. Obviamente que suspendí el destino sino la gallega estaría todo momento diciendo “re calculando…”
Tomo el camino de tierra y hago un trecho hasta que veo una mujer y su hijo de unos cinco años caminando rumbo al penal. Freno el auto, era mi oportunidad de devolverle al destino el favor que me había hecho en mi viaje anterior el tipo de la moto.
La señora acepta la invitación y sube junto a su hijo; hablamos del calor, del horario del penal y al instante habíamos llegado.
Es la una y cuarenta y la visita es a las dos… Llego y habría unas seis personas delante de mí. Escondo la gallega, el celular, cierro el auto y bajo el bolso.
Hago la cola, ya sabiendo el procedimiento y pronto me llaman para la consabida revisación.
Me atiende un cana joven que en un momento me dice - cuanta mercadería, debe haber plata acá. A lo que le respondo: - Tengo que amortizar el viaje que hago desde Buenos Aires.
Paso el control y de nuevo en el sector donde te hacen esperar bajo el sol…
A mi derecha, a unos cien metros había un tráiler que no estaba, o al menos no lo había visto en mi visita anterior. En la puerta del tráiler alguien saluda, será a mi? La verdad que de lejos sin anteojos no veo cuatro en un burro… fijo la vista y era él….
No lo veía nítido, pero si podía sentir que estaba bien, y eso ya era bastante.
Es mi turno, paso y de nuevo a la ventana donde se dejan los documentos y las llaves del auto.
Cuando me doy vuelta, en la galería, sentado en un banco largo, estaba él, con una remera, shorts y zapatillas.
Nos damos un abrazo, nos sentamos uno al lado del otro y empezamos a charlar….
Que hablamos? Miles de cosas, de cómo estaba su familia, de quienes se estaban preocupando por él y que se yo cuantas cosas más.
Me presenta a Nico, un tipo de unos veintitantos años que era con quien se había hecho amigo y quien tenía el celular que me permitía estar en contacto con él.-
Le digo que en dos días era el cumpleaños de su madre, si quería que le comprara algo, y me dice que hay alguien que hace barcos, que quiere que le lleve uno.
Le cuento mi plan de hablar con el fiscal, de todas las novedades hasta el momento y en un momento, casi sin levantarse saca de su bolsillo trasero derecho algo que no logro ver bien, me lo da como a escondidas y me dice, guárdalo al mismo tiempo que me mira y sonríe…
Disimuladamente lo miro y era un corazón hecho en alambre… me quiero morir… controlo mis movimientos y mis reacciones porque un montón de pensamientos me pasan por la cabeza…
Lo primero que me acuerdo es ese 14 de febrero que por querer sorprenderme había llenado de corazones de papel barrilete el parabrisas de mi auto, ese auto verde que en su obra de teatro le dedicó una línea.
Justo ese día, le había dicho al Gerente de Recursos Humanos de mi trabajo si lo alcanzaba hasta la casa… que situación!!! Sacando los corazones pegados y los que estaban atados en el paragolpes trasero. Por suerte el tipo es discreto y no hizo comentario alguno.
Un corazón…. Miles de significados viniendo de él… un “gracias”, un… “te sigo queriendo”, y quien sabe cuántos significados más podría tener ese simple y a la vez tan complejo trozo de alambre….
Respiro profundo, miro a lo lejos para evitar brillen mis ojos y disimuladamente lo guardo en el bolsillo derecho de mi pantalón.-
Entonces como tratando de acusar recibo a su acción, le muestro que tenia puesto los anteojos que él me había regalado, como tratando de responderle de alguna forma, a lo que él asiente que ya lo había advertido.
Seguimos la charla, me da una carta para su madre hecha en un sobre también con hijas de cuaderno, la cual guardo en el bolsillo y me pide plata para pagar el barco a un tipo que venía caminando y cargando con varios veleros.
Saco las bolsas de nylon que estaban dentro de mi bolso, las que cuidadosamente había armado con las provisiones que estimaba necesitaba. Le digo que con la corrida, no me avive de tráele una Coca fría y me dice que la verdad que estuve flojo…
Estuve flojo????.....Si no fuera él, lo tomaba como una declaración de guerra, pero dada las circunstancias, me limité a reprocharme no haberlo hecho.-
Le digo que en el rompe vientos había dejado algo para él y me dice que no debería haber puesto un JACK…
Que buchona… la hermana le dijo lo que pensé en ponerle y le conté como para que sepa que siquiera le hacía llegar un chocolate.-
Por suerte, a último momento lo cambie por un bon o bon, lo cual no lo hizo tan previsible.-
En un momento una mina en voz alta dice que queda libre, que va a poder ver a su hijo, la gente se alegra y la saluda, lo miro y se le ve un brillo en los ojos particular… seguramente es la sensación que deben tener todos con la ansiada libertad. Por mi parte, pensaba lo que es ver a un hijo luego de un tiempo y tuve que contener la emoción.-
Me cuenta que estaba con el proyecto de la escuela de capacitación, y que los pinceles eran para pintar los dibujos que había en las paredes del tráiler. También que le habían preguntado quien era yo luego de mi visita anterior, porque le dijeron que nos parecemos mucho y pensaban que yo era su hermano.
Pienso… No es la primera vez que me dicen que nos parecemos, de hecho ya hice trámites en la AFIP con su documento en su nombre y nadie se dio cuenta.
Nos parecemos???? A veces nos veo tan distintos… a veces parecidos, pero en escencia distintos…
Le comento que iría a ver al fiscal a mi salida porque no había logrado verlo al mediodía. Me dice que me vaya así lo veo, y le digo que yo manejo mis tiempos…
Le ofrezco más plata para poder quedarme tranquilo que no le faltara nada, y ya se acerca la hora de irme.-
Anuncian que se terminó la hora de la visita, ya son las cinco de la tarde; y ya más canchero le doy un abrazo y camino sin darme vuelta hacia donde estaba mi documento y las llaves de auto.
Cruzo el portón, abro el auto y saco las cosas…. Miro obviamente una vez más el corazón de alambre, lo agarro con cariño y miro hacia el penal pensando que nuevamente me iba sin él…
La gallega se pone a hacer su trabajo y me lleva hasta la fiscalía…
Entro, pido hablar con el fiscal y el no estaba, me dicen que en veinte minutos estaba, así que aprovecho para irme a almorzar a donde??? Si… a Mac Donalds….
Almuerzo record, en 14 minutos, lo que obviamente hizo que volviera con la coca en la mano y lograr terminarla una cuadra antes de la fiscalía.
Llego por tercera vez, y ahí me dicen que me atenderá el fiscal. Me hacen pasar y me presento…
EL fiscal, un tipo de unos cuarenta y pico, me dice – yo no atiendo a la familia, sólo hablo con los abogados.
- Soy abogado. Le digo
- Sólo hablo con abogados uruguayos…
- Bueno… si, Ud. pone un poco de voluntad, y yo de intelecto, podremos hablar sin problemas Dr. Le retruco.
Así comenzó la charla… obviamente vio que no era fácil el porteño que tenía delante y fui manejando la charla hasta que le hago saber que previo a todo le había pedido permiso a los abogados, que Pablo estaba trabajando con el proyecto de capacitación, que ya estaba resarcida la indemnización civil y que la familia estaba preocupada y que lo que más me preocupaba era esa semana en colorado en el almanaque que ellos llamaban semana de turismo…
Me responde que si el lunes los abogados presentaban el pedido, en la semana, y ANTES de la semana de turismo, se expediría… obviamente aclaro que no me diría que resultado, a lo que le dije que como profesional que soy no esperaba eso, y que agradecía la atención, para poder ya ir cerrando la charla.-
Subo al auto y le indico a la gallega que debemos volver a donde salimos. A lo cual obediente acepta e indica el camino a seguir.
La verdad que ha sido una excelente compra y más que una excentricidad se transformó en un elemento importante y una compañera piola que conoce el camino y no rompe las bolas con boludeces….
Llego a devolver el auto, me devuelven el voucher de la tarjeta, saludo, agradezco y rumbeo hacia la terminal de micros nuevamente. Eran casi las siete de la tarde y a las siete y cuarto sale mi micro a Montevideo.
Desde la terminal llamo al abogado, quien me dice que estaba ocupado y que lo llame luego, y tras el llamado me llama el cónsul, a quien le cuento los detalles de mi viaje.
El Cónsul me dice que ese viernes iría a visitarlo y que se volvía a Buenos Aires el sábado, así que nos hablaríamos a su llegada para saber las novedades.
Viene mi micro, subo, y me siento cansado de todas las corridas tenidas para un solo día.
Conecto mi mp3 y mientras estoy escuchando una canción, busco el corazón de alambre que tengo guardado en mi bolsillo, y lo agarro con fuerza…
La conjunción de todo hace que obviamente me vuelvan a caer lágrimas con mil sensaciones, y la verdad que abre mil interrogantes en mí al no saber qué significado le asignó él a ese simple pero tan significativo regalo que me diera.
Pienso mil cosas, y también que hacer…. Pienso que ya hice mi planteo y que en ese momento me dijo que no estábamos en la misma, pienso entonces que sólo me restaría desaparecer silencioso sin darme vuelta y perder todo contacto con él, si total no tuvo o interés en enfrentarme o lo que sintió dejo de estar, pienso que… que debo pensar????
Mejor abro un paréntesis y lo cierro cuando él llegue a Buenos Aires, así sé realmente que es, y estando perfectamente en claro que amigos no podemos ser, tenga la suficiente madurez como para saber que quiere o bien acepte que solo seré un recuerdo, algo intangible que no podrá tocar, y que yo no podré ver, porque quizás si no pudo o no quiso encararme, es sólo eso lo que me toque ser en su vida, un efímero recuerdo de un amor de verano que no pudo ser…
Que se yo…. Es todo tan raro… mejor por todos, es que recién lo cierre a su llegada a Buenos Aires, y que por ahora cumpla con mi palabra, lo cual sería lo más adulto y esperable.
Ya un poco más calmo, la llamo a ella para contarle que lo vi, que él estaba bien, y los pormenores del fiscal, para que a su vez se lo cuente a la madre y se queden ambas tranquilas.
A los pocos minutos de esta tormenta cerebral y emocional me llama el abogado; le cuento las novedades y me dice que el viernes estará en Buenos Aires, que nos reuniéramos, lo cual accedo obviamente.
Bueno… parece que el día feriado ha sido bastante movido, así que espero haya llegado a su fin.
Estamos llegando a la terminal, esta vez venía liviano ya que había dejado todo en Las Rosas, incluso a él…
Si… nuevamente lo había dejado allá sin poder traerlo conmigo, y eso no era poca cosa.-
Bajo del micro, doy una vuelta y decido comprarme unas gaseosas y un sándwich en el supermercado del primer piso de la terminal, el cual como sentado en el patio de comidas en unos minutos. La verdad que no quería comer algo sustancioso, pero sabía que si no comía en el micro no iba a haber nada..
Paso por el baño de la terminal para poder ir cómodo y me dirijo a la plataforma en donde ya estaba el micro con destino a Buenos Aires.
Cuando subo, luego de haber dejado mi documento en la bendita bolsita de nylon, me doy cuenta que era el mismo micro con el que había llegado esa mañana y que aun no tenia solucionado el tema de la inundación.
Entrego mi documento y me acomodo para el regreso.
A mi lado se sientan dos viejas, esta vez si son parientas o amigas, y charlaban y se hacían chistes entre ellas.
La verdad que parar la oreja para escucharlas me distraía y me daba algo de gracia.
La que estaba sentada más cerca mío me pidió si podía alcanzarle un café, a lo cual accedí.
Arranca por fin el micro y sale en horario, las diez y media de la noche…
A los pocos minutos prenden el televisor y vuelven a poner la película de la noche anterior. Que garrón!!! La misma película… claro, si no es un avión que de ida te pasan una y de vuelta otra… definitivamente estoy aburguesado.-
Me paro, me acerco a la cabina del chofer y les pregunto si la pueden cambiar porque la había visto a la venida y me dicen que para ver otra, debía viajar al día siguiente. Eso se llama atención al cliente…. sí señor…
Como lo que tenia en la bandeja del viaje de ida y el sándwich de la bandeja que me dieron al subir hacia unos minutos, al menos para no comerme crudo al chofer frente a tan atenta respuesta.
Cierro los ojos y duermo casi hasta llegar a Buenos Aires, donde me despiertan las viejas charlando como cotorras y planificando que harían al pisar Buenos Aires. Ahí me entero cuanto durmió cada una, que harían y mil cosas más….
En mi caso, yo estaba listo para llegar a Retiro, ir directo a la oficina, lavarme la cara y empezar mi día de trabajo como si nada hubiera pasado.
Qué pasó con el corazón de alambre??? Lo tengo celosamente guardado en un cajón como recuerdo; así como tengo aun un corazón de papel entre mis documentos que me diera hace ya tiempo, o como conservo esas cartitas escritas en servilletas de Ezeiza y otros lugares que en su momento pasaran a ser mías…
Que paso con él? Buena pregunta….
Hoy está libre, aun del otro lado del charco al momento de escribir este relato.
Que pasara con él, conmigo o con nosotros? Mejor pregunta aun.
Eso es algo que aun no está escrito siquiera en el destino de nuestras vidas, o quizás sí, y él ya lo sabe desde ese 18 de agosto en el que nos conocimos y que en el restaurante árabe al que fuimos la señora que tiraba el tarot y leía la borra del café ya se lo anunció, quien sabe…
Quizás pueda derivar en otro relato, o terminar en este como una anécdota de alquilen que en algún momento fue especial y que ha acompañado a una persona en un mal momento de su vida, para luego volver a desaparecer y transformarse en un simple y quizás inolvidable recuerdo de lo que será uno de los peores momentos de su vida.
Fin?
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